El sábado 30 de enero acaba el plazo para que los Ayuntamientos interesados en acoger el segundo ATC en España, almacén para residuos nucleares, presenten su candidatura. Hasta el momento, solo el municipio de Yebra (Guadalajara) ha aprobado oficialmente su candidatura y Ascó (Tarragona) lo decidirá mañana en pleno; dos localidades que están sembrando polémica en los dos partidos políticos principales en España.

Centrales nucleares en España
Yebra está causando dolor de cabeza entre el PP. El Ayuntamiento, encabezado por el alcalde Juan Pedro Sánchez, ha aprobado la candidatura para albergar el cementerio nuclear, en contra de la postura de la secretaria general del partido en Castilla-La Mancha, María Dolores de Cospedal. Por su parte, el vicesecretario de política territorial y local, Javier Arenas, apoya al Ayuntamiento, mientras que el presidente del partido, Mariano Rajoy, no se pronuncia y recuerda que la polémica también recae en el PSOE, pues el presidente de Castilla-La Mancha, José María Barreda, y el ministro de Industria, Miguel Sebastián, tampoco comparten la misma opinión.
El punto débil entre los socialistas es Ascó, municipio que ya cuenta con dos reactores nucleares nucleares. Los vecinos de Ascó salieron el domingo a la calle en contra del almacén nuclear, un rechazo al que se ha sumado el presidente de la Generalitat, el socialista José Montilla. Mañana 26 de enero, la localidad tarraconense celebrará un pleno para aprobar o no su candidatura al almacén nuclear.
Fuera de las disputas políticas, el debate energético pierde importancia. No se analizan los verdaderos pros y contras de este tipo de energía y el problema de la contaminación. El ATC traería consigo millones de euros en inversión y un aumento del empleo, una esperanza en tiempos de crisis. Además, la energía nuclear es más limpia que los combustibles fósiles, no tiene emisiones de gases de efecto invernadero y lluvia ácida, genera menos residuos sólidos, no depende del suministro de materias primas del extranjero y es más productiva que las energías renovables.
Sin embargo, no todo son beneficios. El riesgo de accidentes con graves consecuencias y la gestión de los residuos radioactivos, que no se pueden reciclar ni destruir y que, hasta ahora, la única solución es almacenarlos en bidones de hormigón y enterrarlos, son las principales preocupaciones. A este debate, habría que sumarle la opción de los ecologistas: apostar por las energías renovables como la eólica y solar, dos materias primas que no le faltan a España, pero que no satisfacen todo el consumo energético del país.