
Justo antes del estallido de la I Guerra Mundial, en un pequeño pueblo al norte de Alemania, comienzan a sucederse extraños acontecimientos. El médico de la localidad sufre un accidente cuando regresaba a casa, dos niños desaparecen, el granero se incendia. El elemento común que relaciona a todos estos acontecimientos, el grupo de niños de la escuela y del coro de la Iglesia.
La película, seleccionada por Alemania como candidata al Oscar 2010 como mejor película de habla no inglesa, es un largometraje coral, donde la figura del maestro se diferencia del resto de personajes. Es el “extranjero” que llega a la ciudad, el que está al margen de los acontecimientos y el que investiga hasta que descubre la verdad, justo antes de partir al frente.
La cinta blanca (Das weisse Band), sin embargo, no tiene nada que ver con un thriller. Algunos críticos cineastas definen el último trabajo del director austríaco Michael Haneke como una explicación del nazismo, un argumento que él ha desmentido. Es una película sobre la violencia y la culpabilidad, presentadas con frivolidad y simpleza, como si se tratara de algo natural. Una comunidad en la que los niños interiorizan las enseñanzas que sus padres les inculcan como valores absolutos y las aplican. “Si se considera un principio o un ideal como algo absoluto, sea político o religioso, se convierte en inhumano y lleva al terrorismo”, ha asegurado Haneke en una entrevista publicada en golem.es.
Rodada en blanco y negro, se trata de un drama sencillo, pero que agarra al espectador y lo hace partícipe. La intriga de la trama activa la mente del público, le plantea más preguntas que respuestas y no lo deja indifirente tando durante la película como al final de ésta. El propio Haneke la considera una historia en la que el espectador tiene que buscar las respuestas por sí solo. “Me esfuerzo mucho para obtener este resultado”. “Los espectadores no son compañeros del trabajo del director”, justifica.
Diez años ha tardado La cinta blanca en saltar a las pantallas. El director austriaco acortó las tres horas de película a dos y media y realizó un minucioso cásting con 7.000 niños alemanes. El resultado, una obra que ha ganado la Palma de Oro a la mejor película en Cannes, el Globo de Oro al mejor film de habla no inglesa en 2009 y el premio del cine europeo a la mejor película, dirección y guión, entre otros galardones y nominaciones.
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